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EL EFECTO GREY: AHORA TODAS QUIEREN SEXO

EL EFECTO DE GRAY «

La historia de una relación sadomasoquista tiene vueltas locas a las señoras del mundo. El fenómeno editorial dejó de ser una tanda de libros eróticos para constituirse en un motivador para tener experiencias sexuales más hot (eso incluye cerrar el libro, correr a una sexshop y buscarse un Christian Grey particular). Nuestras entrevistadas se alejan de tabúes y cuentan cómo las excitó la obra de E.L. James

 POR PAMELA SALINAS PARRA. FOTOS DE GRACE NAVARRO

Las aventuras del excéntrico Christian Grey han causado agitación en Estados Unidos, Gran Bretaña y, recientemente, en México. La historia del Casanova moderno, contenida en tres libros, no sólo ha generado ventas millonarias, sino que se ha convertido en un acalorado tema de conversación, principalmente entre mujeres casadas y con hijos, de entre veintitantos y cuarenta y pocos años.

La prensa gringa ha bautizado al fenómeno editorial como Mommy porn (Pornografía para mamás), lo que a su vez ha abierto un debate en la prensa anglosajona: ¿Estamos frente a una obra de literatura erótica o presenciando un caso de pornografía escrita? Las opiniones se dividen, con una señalada crítica hacia la creación de Erika Leonard James, una británica que tuvo un modesto puesto como productora de televisión y que, a los 46 años, luego de terminar de leer la exitosa serie Crepúsculo, se animó a escribir un relato erótico, en el que descargó sus fantasías. La señora James, casada desde hace 20 años y con dos hijos adolescentes, escribe en uno de los libros de la saga: «Y me penetra despacio, muy despacio, hasta el fondo. Su miembro se extiende y me invade por dentro implacablemente. Gimo con fuerza. Esta vez lo siento más profundamente, exquisito. Vuelvo a gemir, y a un ritmo muy lento traza círculos con las caderas y retrocede, se detiene un momento y vuelve a penetrarme. Repite el movimiento una y otra vez. Me vuelve loca».

E. L. James, ahora de 49 años, acaba de ser incluida en el ranking de las 100 personas más influyentes del mundo, según la lista 2012 de la revista Time.

El seductor Christian Grey está ahora en boca, sueños, pensamientos y deseos de una amplia cantidad de mujeres que rondan los treinta años. El personaje es un millonario de 27 años, guapo, sexy, empresario exitoso, medio filántropo preocupado por los pobres del mundo. El hombre con el que sueñan muchísimas mujeres del planeta. Sólo que tiene un pequeño «defecto» (o virtud, según se le mire): es sadomasoquista.

Los libros de la trilogía, Cincuenta sombras de Grey (2011), Cincuenta sombras más oscuras (2012) y Cincuenta sombras liberadas (2012), conforman una historia romántica con episodios sexuales narrados detalladamente: «Se abalanza sobre mí y me empuja contra la pared del ascensor. Antes de que me dé cuenta, me sujeta las dos muñecas con una mano, me las levanta por encima de la cabeza, me inmoviliza contra la pared con sus caderas. Con la otra mano me agarra del pelo, tira hacia abajo para levantarme la cara y pega sus labios a los míos. Casi me hace daño. Gimo, lo que le permite aprovechar la ocasión para meterme la lengua y recorrerme la boca con experta pericia… Siento su erección contra mi vientre. Me desea. Christian Grey, el dios griego, me desea y yo a él, aquí… ahora, en el ascensor».

Grey es el Don Juan de nuestros tiempos. El gran amante del siglo XXI que seduce a Anastasia Steel, una universitaria de 21 años, a punto de graduarse en literatura inglesa. La joven, ingenua en el amor e inexperta en el sexo, rinde su belleza ante los embelesos de este Casanova moderno.

La saga ha vendido unos 40 millones de ejemplares en todo el mundo, lo que la coloca como un verdadero hit editorial, aunque está lejos de los 450 millones que alcanzó Harry Potter (1999-2006), los 116 millones de Crepúsculo (2005-2008) y los 65 millones de Millenium (2005-2007).

En México, a sólo tres meses de su lanzamiento, las ventas ya superan los 150 mil ejemplares, según estimaciones de Grijalbo, la casa editorial que lanzó la trilogía al mercado. Pero las mexicanas no se esperaron a que los ejemplares impresos llegaran a las librerías. Desde meses antes ya lo descargaban de tiendas electrónicas o conseguían ediciones en inglés. Así fue que las aventuras del millonario Grey comenzaron a comentarse afuera del colegio de los niños y en desayunos entre amigas, en reuniones sociales y círculos de lectura, en baños de oficina y chats comunitarios…

Alicia, una chilanga de 46 años, conoció la historia de Grey cuando preparaba un viaje a una playa nacional en compañía de su hija de seis años, pero sin su esposo. «¿Te vas a ir sola? Llévate este libro, te lo juro que es como tener un amante portátil», le recomendó una amiga. En sólo una semana Alicia quedó prendada de las aventuras eróticas del millonario. «Sí, me llegó a acelerar el corazón, llegué a sentir maripositas por cosas tiernas y en ciertas partes sí me llegó a excitar», reconoce Alicia, una mujer sensual, quien después de 16 años de casada se esmera en su imagen personal y no teme mostrar sus torneadas piernas bajo una minifalda.

«Me llamó mucho la atención que mis amigas (mamás) del kínder, que son súper fresas, empezaran a hablar del libro y mencionaran algo que me sacó de onda: decían que Grey no hace el amor, ¡él coge! Y me dije: ¿Cómo están leyendo eso?», cuenta Úrsula, una ama de casa de 33 años, con dos hijos y preocupada por mantener su cuerpo y salud en buen estado. Un poco ruborizada, confiesa que después de eso fue a comprar el primer tomo de la trilogía, mismo que vendió a su vecina cuando una de sus amigas del kínder le dijo: «Regrésalo, yo te lo regalo, no quiero que ese libro esté en mi casa, donde mis hijos lo pueden encontrar y leer».

Lo que para algunas es parte del encanto de la historia, como la seducción del millonario a la joven ingenua, para otras es simplemente inverosímil o irreal, y aunque el lado sadomasoquista del protagonista escandaliza a muchas, al final la mayoría acaba devorándose cada página, como le pasó a Verónica. «Me encantó el libro, es súper fácil de leer, te lo echas en tres patadas, por eso hay tantas mujeres leyéndolo. Iba al futbol con mis hijos y ahí estaban todas, leyendo el libro, todas se enamoraron de Grey. Yo la verdad siempre fui la amargueitor que dijo: yo no estoy enamorada del hombre», dice esta ama de casa con dos hijos en preescolar, menudita, quien usa ropa entallada que deja al descubierto lo necesario.

El dolor, el placer

La historia de amor y sexo ha tenido una buena acogida por parte de las lectoras, pero se ha llevado severos ataques por parte de la crítica literaria. «La conducción narrativa es bastante floja, con diálogos improbables (‘Yo soy muy rico, señorita Steele, así que tengo aficiones caras y fascinantes’); muy flojas caracterizaciones; tics irritantes (como la guerra constante entre el ‘subconsciente’ de Steele, que siempre está a punto del desmayo o viéndola con malos ojos, y su ‘Diosa interior’, que siempre está haciendo pucheros), y un monólogo interior que dice cosas como: ‘Dios mío, ¡qué caliente es!’ o ‘ningún hombre me ha afectado de la forma en que lo ha hecho Christian Grey, y no entiendo por qué. ¿Es su aspecto? ¿Su civilidad? ¿Su riqueza? ¿Su energía?’ ¡Yuh, huh! Claro, la civilidad me pone así también a mí'», escribió en una demoledora crítica Zoe Williams, la reconocida columnista del periódico inglés The Guardian.

No menos severa fue la descripción que hiciera la periodista estadounidense Jenn Doll, en uno de los portales de noticias de mayor crecimiento en Estados Unidos, The Atlantic Wire: 250 sombras… no reta mucho a sus lectores, en todo caso, no en términos de nivel de lectura ni en términos de las ideas presentadas. ¿Estamos todos muy emocionados con tener pinzas en los pezones y recibir palizas? El libro es más difícil en términos de cómo lidiar con un monstruo como éste en la industria editorial en general, lo que la gente quiere leer, y lo que los escritores deben darles. Seguramente habrá imitadores con la esperanza de lograr un éxito similar, pero la verdadera esperanza radica en que este libro erótico le pueda abrir el mercado a libros mejores, no simplemente inundar el mercado con el pobre porno suave de la misma clase».

Algunas lectoras también le dan sus coscorrones al libro. Miranda, por ejemplo, considera que es sólo un trabajo de «pornografía escrita» aderezada con la típica historia romántica tipo La Bella y la Bestia, al estilo Walt Disney, donde el amor de la protagonista salva al príncipe azul oculto bajo la imagen de un terrible «monstruo sexual». Ella es una mamá treintañera que tiene dos hijos y cuenta con poco tiempo para leer. No obstante pasó dos noches en vela con tal de terminar el primer tomo. Ahora confiesa que fue como un calentador sexual que reavivó la llama erótica de su matrimonio: «Una noche, después de estar leyéndolo, mi marido llegó a casa y… digamos que lo convencí de leerlo», dice Miranda con una mirada socarrona, mientras se muerde los gruesos labios y se recoge la melena oscura.

La sexóloga Alessia DiBari asegura que parte del encanto se debe a que «la autora creó al personaje Grey, que en el fondo es bueno y encuentra a una mujer que lo va a salvar y lo va a cambiar. Y bueno, en el fondo, la mayoría de las mujeres —para bien o para mal— tenemos ese complejo un tanto maternal de que ‘con mi amor te voy a curar, te voy salvar para que estés emocionalmente sano y bien'».

Sin embargo, ¿si esta trilogía no es la primer historia de amor con ese trasfondo psicológico, por qué se convirtió en el boom mundial que ha vendido unas 40 millones de copias? Alessia (@SexologaDiBari) dice que se debe a que «le puso el ingrediente increíble que tiene que ver con la sexualidad, con esta parte de dejarte llevar por tus fantasías. Es un límite que, particularmente a las mujeres nos da miedo transgredir. Esta línea tan delgadita entre el dolor y el placer, entre qué tanto puedo llevar mis límites sexuales y hasta dónde es ‘sano'».

Grey tiene vueltas locas a muchas mujeres por la razón que mueve al mundo: el sexo. Además de narrar con lujo de detalles cada movimiento, cada mirada, cada gemido, cada penetración, la autora hizo que un asunto privado se hiciera público.

Las aventuras del seductor sadomasoquista han logrado que ellas se sientan con mayor libertad para hablar de sexo, incluso con sus parejas. En un restaurante de la adinerada colonia Polanco, en la Ciudad de México, escuché a una señora conversar con otra:

—Platiqué del libro con mi marido y hasta organizamos una salida a comer para hablar de él —dijo en voz baja una mujer que debe rondar los 40 años.

Lo que ellas quieren

El personaje de Anastasia Steele, la universitaria de 21 años, también ha generado debate entre las lectoras. Aunque todas están leyendo el mismo libro, las casadas disfrutan fantaseando que son esa veinteañera deslumbrada por el millonario sexy, mientras que las solteras desprecian los remilgos y el miedo de la joven frente al sexo rudo que propone Christian Grey. En uno de los pasajes de la saga, Anastasia dice: «La inseguridad me mortifica y, como estoy nerviosa, no paro de moverme. Nunca me he sentido cómoda en las entrevistas cara a cara. Prefiero el anonimato de una charla en grupo, en la que puedo sentarme al fondo de la sala y pasar inadvertida».

DiBari dice que las diversas interpretaciones se deben a que «son generaciones distintas, hoy por hoy una soltera de 21 años, lo más probable es que no sea virgen y por eso no se identifica con ese rol en particular de sumisión o de dejarse conquistar; ahora tendemos a ser más agresivas, a tomar un rol más importante en la relación».

Mónica, una atractiva soltera de 34 años con una cabellera negra ensortijada, comenta: «Cuando llegué a la parte sexual no pensé que fuera tan explícita. Entonces, como van describiendo al personaje, lo ponen guapo, no tiene problemas económicos, culto, tiene todo lo que las mujeres queremos y cuando te empiezan a describir los encuentros sexuales que tienen, dices ‘¡quiero ver qué más hace!'», dice con una sonrisa franca. La exitosa publirelacionista de la industria musical confiesa que al leer el libro se excitaba tanto que llegó a pensar: «¿cuál de mis amigos estará disponible en este momento?».

Sin rubores, asegura que ella tiene a su propio Christian Grey mexicano, «sin el varo y sin el rascacielos de Seattle, pero es un tipo que automáticamente en mi mente es Grey porque siempre que lo he visto está de traje, bien vestido, siempre muy atento y muy galán. Es un gran conquistador que no se involucra con nadie pero anda con todas, es muy sucio, es muy atrevido en la cama». Pero desafortunadamente para Mónica, su Grey personal está en un viaje de trabajo.

Casadas, solteras, con hijos, sin hijos, liberales o conservadoras, las mexicanas que han leído la historia del Casanova moderno están experimentando lo que ellas mismas llaman «Efecto Grey», y es que una vez que han dejado el libro para realizar sus labores cotidianas, como ir a trabajar, hacer el súper, acudir a una entrevista o recoger a los niños de la escuela, por todos lados van especulando quién de todos los hombres con los que se cruzan podría ser su Grey.

Aquí un tip: estas fantasías de las lectoras también han llevado a varias a sentirse o incluso actuar como la protagonista de la historia, Ana, quien siempre está mordiéndose el labio inferior: justo ese gesto es el que despierta la lujuria de Christian Grey.

Otro punto en el que coinciden las lectoras, incluso a nivel mundial, es que las relaciones sexuales son tan descriptivas que las excita. «Sientes como que vienes y vienes y vienes», dice la amiga de una amiga, o «te deja mal en el buen sentido, el ‘Efecto Grey’ te dura días y días», asegura Mónica. Alicia también sintió ese efecto desde las primeras páginas: «Con esa descripción lo pude oler, lo pude sentir».

Los juguetitos

«Me tiende la mano y en la palma lleva dos bolas de plata redondas y brillantes unidas por un grueso hilo negro… ¡Metérmelas! Ahogo un jadeo y se tensan todos los músculos de mi vientre. La diosa que llevo dentro está haciendo la danza de los siete velos… Es una curiosa sensación: una vez que están dentro, no las siento, aunque sé que están ahí… Temblorosa me enderezo ¡Uy! Ahora sí que las siento… Las bolas tiran hacia abajo y, sin querer, mi vientre se contrae alrededor de ellas… Es una sensación rara y no del todo desagradable… Igual tendría que dejarme esto puesto. Hacen que me sienta deseada», dice Anastasia en uno de los episodios más candentes de la saga.

Los juguetes sexuales forman parte de los encuentros eróticos entre los protagonistas. En la novela aparecen desde el típico cliché de las esposas de policía, pasando por una parte más «sado», como los látigos de piel, o la novedad entre las mujeres: unas bolitas de metal que, literal, se pueden llevar puestas a la oficina, a una fiesta, al cine o a una cena romántica. El peso de las bolitas, acompasado con el movimiento del cuerpo, provocan una intensa estimulación física en las portadoras. Mónica, por ejemplo, reconoce que ante la ausencia de su «Grey mexicano» ha recurrido al «juguetito que vibra».

Alicia admite sin problemas que el libro le abrió «una puerta de placer, de curiosidad, de creatividad, de que yo, teniendo 16 años de casada, dije: ¡guau!». Ella reconoce que cada episodio sexual entre Anastasia y Grey se volvía un reto que tenía que probar: «Se me antojaron muchas cosas y llegando del viaje de Acapulco le dije a mi esposo: ‘Me encantaría probar las bolitas chinas’. Fuimos a la sex shop y, además de esas maravillosas amantes esféricas, me compré otro juguetito».

Literatura o no, Cincuenta sombras de Grey ha sido traducido a 45 idiomas, en Estados Unidos las ventas ascienden a 40 millones de copias —de las cuales 26 millones han sido electrónicas—, mientras que en Reino Unido la trilogía ocupa el tercer lugar, debajo de la saga de Harry Potter (siete libros) y El Código Da Vinci, según el ranking del diario The Guardian.

Esta trilogía se ha colocado, también, como número uno en ventas electrónicas. Tan solo en español, hasta la primer quincena de septiembre (a dos meses desde su lanzamiento) había 55 mil descargas.

Será hasta finales del año cuando se den a conocer las ventas totales, pero por lo pronto se estima que la autora E.L. James ya tiene en su bolsillo unos 15 millones de dólares.

Como la mayoría de los best-sellers recientes, Cincuenta sombras de Grey se convertirá además en película. La industria musical también se va a llevar una buen rebanada de este adinerado amante llamado Grey: el 14 de septiembre pasado iTunes puso a la venta Fifty Shades of Grey: The Classical Album, con un costo de 120 pesos; el álbum trae 15 temas de música clásica mencionadas en el libro, y que juegan un papel muy importante durante los encuentros sexuales.

Otras beneficiadas de este fenómeno son las tiendas de juguetes sexuales, y si bien en la Ciudad de México se puede encontrar una amplia variedad de sexshops, las y los mexicanos aún se muestran pudorosos. Adrián, el encargado de una de estas tiendas en la Zona Rosa, dice que «sí ha aumentado la venta de las bolitas chinas», y que las clientas más recientes llegan diciendo que «hay un libro en el que hablan de unas bolitas de metal». El juguetito cuesta 500 pesos.

También de reciente creación, llegó al mercado de los dispositivos móviles una aplicación con retos sexuales para realizar en pareja, basados en las prácticas del perverso Grey, el amante que tanto ha hecho suspirar a millones de mujeres en el mundo.

Por eso, mientras la crítica decide si la obra de la ahora millonaria E.L. James es o no literatura, y las industrias editorial, sexual y electrónica le sacan provecho, cualquiera se podrá encontrar a una mujer disfrutando la rudeza encantadora de su propio Grey y, quien sabe, hasta podría estar portando un par de discretas bolitas de acero. Quizás se le pueda descubrir por la sonrisa y los ojos en blanco.

PAMELA SALINAS PARRA es una periodista con más de 15 años de experiencia (televisión, radio y prensa escrita), mamá de dos criaturas y parte activa del colectivo de mujeres que fueron atrapadas por las ‘cincuenta sombras.’.. Y que sí, aún «sufre» las consecuencias del «Efecto Grey»

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